Fiesta Religiosa

Una promesa a la virgen o a un santo patrono, largas e incansables procesiones, multitudes de devotos, la liturgia, el ritual del Canto a lo Divino, los Bailes Religiosos con sus trajes coloridos, danza y música, la fe, las creencias del pueblo, la familia, innumerables y variados elementos que juntos construyen lo que conocemos por Fiesta Religiosa. ¿Cómo entender y apreciar el universo cultural que año tras años con incomparable belleza se expresa en los santuarios de Latinoamérica, en todo Chile y por supuesto en la región de Atacama?


Recopilando algunos antecedentes encontré a Josef Pieper (Filósofo Alemán,1904-1997), quien señala que desde sus orígenes hasta hoy, la fiesta “festiva por excelencia”, ha estado ligada a lo sagrado, porque ha sido la dimensión trascendente del ser humano la que se ha expresado en ella a lo largo de los siglos, insertándose como un interludio y a la vez, como un enaltecimiento de lo cotidiano, como una transformación creadora del mundo mediante el arte, bajo la inspiración del paradigma sagrado; como una donación, una ofrenda de bienes y pertenencias para entregarlos a los hombres y a la divinidad, y como una catarsis depuradora que lleva al reencuentro de ser humano con la divinidad, con los demás, consigo mismo y hacia lo trascendente.


Según Mircea Eliade (Filósofo Rumano 1907-1986), historiador de las religiones, La Fiesta tuvo su origen en la vivencia colectiva y social de lo sagrado. Mientras la experiencia religiosa individual deviene generalmente un proceso de interiorización de lo sagrado, la experiencia religiosa colectiva es en esencia exteriorización a través de la dramatización. Así se ha expresado la conciencia sagrada en el comportamiento colectivo durante el curso de los siglos.  La Fiesta ha sido así, a lo largo de la historia, una forma y una ocasión para comunicarse con la divinidad a través de los lenguajes sagrados propios de la comunidad.


Analizando la historia de nuestro continente, la identidad de Latinoamérica se fue formando del cruce entre los valores culturales y sagrados de la cosmovisión de los pueblos originarios y la religión católica traída por los españoles. Al llegar, éstos se encontraron con que los nativos de América ya contaban con una serie de divinidades propias a las cuales rendían sus propios cultos ceremoniales. En el proceso de conquista y obra evangelizadora, las culturas originarias de América Latina, debieron sustituir sus símbolos y ritos religiosos por otros: La Pachamama por la imagen de la Virgen, el Dios de un fenómeno natural por el Dios cristiano. (Comunicadoras Sociales Schalscha y Arteche, Chile 2003).


En la fiesta religiosa de Latinoamérica se han depositado un cúmulo de símbolos, la liturgia, el imaginario colectivo, el fervor popular, el culto a los santos patrones y la intensa devoción a María, venerada tal como lo podemos apreciar en la región de Atacama en las más de treinta celebraciones anuales y más de sesenta Bailes de promeseros que en ellas participan, lo que nos demuestra que la característica más determinante de nuestra identidad regional y de creación artística popular, está dada por esta forma de expresión y exteriorización cultural, arraigada en la fe y piedad popular, cuyo máximo referente lo encontramos en los albores del día 2 de febrero de 1780, cuando el arriero  mariano caro inca encuentra la imagen de la virgen en los alrededores del salar de maricunga, posteriormente nombrada Virgen de La Candelaria en honor al día de bendición de las candelas, desde aquel entonces los mineros de atacama, con sus múltiples facetas de cateador, pirquinero o peón de minas, han sido devotos de la virgen  (José Cánovas).


El paso del tiempo ha sido testigo de cómo la comunidad ha ordenado su espacio en el tiempo, creando fiestas en cada rincón de la región. Tal es la importancia y relevancia social de las fiestas religiosas en la vida de los habitantes de la región, que se estima que cerca de 100.000 personas participan en distintos niveles activos y pasivos antes, durante y después de las celebraciones, como referencia solo en la fiesta de La Virgen de La Candelaria, se reúnen cada año unas 50.000 personas, que provienen de distintos lugares de la región y del país. Este es el punto donde el trabajo organizacional de la comunidad toma un valor único e indivisible, la familia en sí misma, organizada, expresada, relacionada con su comunidad  y apropiada de sus tradiciones, es la que da vida, recrea y ejecuta las celebraciones de sus fiestas en las comunas de la región durante todo los meses del año, San Pedro en Chañaral, Huasco y Caldera, Virgen del Tránsito, Virgen del Carmen en El Salado y Los Loros o La Cruz de Mayo en Vallenar, son algunos ejemplos de lo trascendente de la actividad organizadora de la comunidad cuyo pilar fundamental son los denominados Bailes Religiosos.